viernes, 20 de enero de 2012

Segundo paso: Educando a tu mente

En la primera parte de esta serie de recursos para cambiar nuestra manera de alimentarnos, hablábamos básicamente de la parte física. Educar a nuestro cuerpo es fundamental para conseguir el propósito que nos hemos marcado, y para ello, lo primero es controlar la cantidad y la calidad de lo que comemos, siguiendo unos horarios más o menos fijos, para acostumbrarnos poco a poco a comer correctamente.
El objetivo está claro, y es que queremos conseguir una alimentación equilibrada y acorde con nuestras necesidades diarias. El procedimiento es sencillo, consiste en seguir al pie de la letra las normas básicas.
Ahora bien, ¿Será fácil? ¿Seremos capaces de renunciar de un día para otro a nuestro estilo de alimentarnos de toda una vida? ¿De dónde vamos a sacar las fuerzas para renunciar a un dulce o a parte de él cuando se nos haya pasado la euforia de los primeros días? Y lo más importante, ¿Podremos mantener esta nueva forma de alimentarnos para siempre, sin que sea para nosotros un esfuerzo?
La respuesta a todas estas preguntas no la debes buscar en otra persona que no seas tú misma.
Tu mente es siempre la responsable de que seas o no capaz de cumplir un objetivo que te has propuesto, y es por ello que debes empezar también a hacer lo posible por cambiar la forma de pensar que tienes con respecto al tema de la alimentación.
Nuestro cuerpo obedece por completo a las órdenes que recibe de nuestra mente. Antes de hacer cualquier movimiento, el cerebro tiene que dar una orden. Tú decides qué hacer y qué no hacer en cada momento del día, y cuando realizas una actividad con la que tu mente no está de acuerdo, el trabajo se vuelve pesado y te cuesta mucho más que cuando realmente quieres hacerlo.
Pues bien, vamos a ponernos de acuerdo con nuestra mente, para que alimentarnos correctamente no sea una labor deprimente, y no nos suponga un sufrimiento extra al que solo podamos hacer frente un tiempo limitado.
Lo primero que debemos pensar es que nuestro cuerpo no es un juguete con el que podamos experimentar a nuestro antojo toda clase de barbaridades. Si maltratamos al organismo, éste nos devuelve la faena con malestares y enfermedades de grado diverso. Y nosotros no queremos eso.
A partir de ahora, vamos a pensar más en el funcionamiento de nuestro cuerpo que en su aspecto exterior.
Los hábitos alimenticios poco saludables nos conducen a estados de malestar y nos producen molestias, tanto a nivel físico como psicológico. No es raro sentirse mal después de una gran comilona, la pesadez se apodera de tu cuerpo, y a veces tu mente también se ve dañada por un extraño sentimiento de culpa.
Vamos, pues, a hacerlo bien.
A la hora de comer, vamos a pensar primero qué es lo que nuestro cuerpo necesita para funcionar bien, y en qué cantidad. Elegiremos de entre toda la gama de alimentos de cada clase, los que más nos gusten, y los cocinaremos en la forma en que nos resulten más agradables al paladar. Y esto no será un esfuerzo, porque estaremos comiendo cosas que realmente nos gustan, y además estaremos haciendo un favor a nuestro cuerpo, proporcionándole los nutrientes adecuados.
El problema se presenta cuando tenemos delante de nosotros algo que nos apetece mucho comer, pero que sabemos que no es un alimento, sino una bomba de calorías tan innecesaria como perjudicial. A pesar de todo nos apetece. Y en la mayoría de los casos, a lo único que prestamos atención es al paladar.
¿Qué le dirías a tu hijo si lo único que quisiera comer en todo el día fueran golosinas? Sencillamente no se lo permitirías. Sabes que no son buenas, e intentas por todos los medios que se alimente adecuadamente, porque de eso depende su salud. Pues eso mismo lo debes aplicar a tí misma. Cuando comes bollería industrial, dulces o grasas animales en exceso, te estás haciendo mucho daño. Piénsalo antes de hacerlo. Y si tienes hijos, dales un buen ejemplo de alimentación, porque ellos van a repetir las conductas que aprenden cuando son pequeños, y las adoptarán de por vida.
No renunciaremos, pues, a comer ciertas cosas, solo porque engordan, sino porque no son buenas. Vamos a dejar de arrojar basura sobre nosotros mismos. Repítete a tí misma que no quieres comer las cosas que te hacen daño, convence a tu mente y comprobarás lo bien que te sientes tomando alimentos saludables.
Y no tengas envidia de aquellos que comen porquerías y no engordan, porque el problema no está sólo en un par de centímetros de grasa acumulada debajo de la piel, sino en la salud y la calidad de vida.
La persona que come incorrectamente, se perjudica, independientemente que ésto se manifieste en su peso o no. No te maltrates. Si otros lo quieren hacer, es problema de ellos.
Acuérdate de todas las veces que has sustituído una comida saludable por otra que no lo era y acéptalo como un error que no se va a volver a repetir. Si quieres darte un capricho de vez en cuando, como tomar un chocolate, una rodaja de morcilla o un donut, hazlo, pero tómalo como un capricho, no llenes el estómago de chocolate sin dejar sitio para lo que realmente te va a alimentar.
Refuerza tu personalidad haciendo lo que es correcto, sin fijarte en hábitos nocivos que otros adoptan alegremente, y olvida tu problema de sobrepeso. Vas a alimentarte bien porque eso es lo que hay que hacer, y no porque te sobren unos kilos.
Y no tomes la comida como una vía de escape cada vez que estés aburrida o ansiosa. Es la peor excusa que podemos poner. El aburrimiento no se combate atiborrándose de bollos, sino haciendo alguna actividad que nos entretenga, y la ansiedad no se resuelve sometiendo a nuestro cuerpo a una digestión pesada y atascando nuestras venas con grasa. Prueba a descargar tensiones haciendo algún ejercicio físico, es el mejor remedio para calmarnos, y la sensación que deja es tan agradable como los beneficios que aporta.
Convence a tu mente de que no te gusta comer mal y tu problema de sobrepeso se resolverá solo. No lo dejes para mañana ni para el lunes. Cuídate desde hoy, desde ahora mismo. Da igual lo que hayas comido desde que te levantaste. No sigas maltratando a tu cuerpo ni un minuto más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario