viernes, 13 de enero de 2012

Mi experiencia

Tengo 40 años y he pasado por muchas dietas de adelgazamiento. Supongo que como muchas mujeres.
Mi problema de sobrepeso ha sido debido principalmente a mi estatura. Las personas pequeñas acusamos mucho más las oscilaciones de peso que las que son más altas. En mi caso, una diferencia de cinco o seis kilos me puede hacer pasar de verme gorda a delgada, o al revés.
En la mayoría de los casos he sido bastante consciente de que la salud es lo primero y por lo tanto, he seguido dietas bajo control médico, o al menos siendo controlada por algún nutricionista o personal sanitario.
Las dietas me funcionaban. Estaba un tiempo, bajaba unos kilos y después, volvía poco a poco a mis costumbres alimenticias de siempre, con lo cual, recuperaba también paulatinamente los kilos que había conseguido perder.
Sin darme apenas cuenta, fui adoptando poco a poco hábitos alimenticios saludables, como por ejemplo, comer verdura o fruta en abundancia, azúcares complejos, renunciar casi sin problema a la bollería industrial y al embutido, no picar entre horas, etc.
Llegado este punto, ya no me resultaba difícil seguir ninguna dieta, pero el problema ahora era que ya no conseguía adelgazar. Mis comidas habituales se parecían tanto a las impuestas por el sistema de adelgazamiento, que ninguna dieta era capaz de eliminar más de un par de kilos.
Entonces fue cuando empecé a intentar creer en los milagros. Alguna vez me expuse a seguir planes insólitos como la alimentación disociada, la dieta de la sopa o regímenes aconsejados por alguna amiga que eran, desde todo punto, una agresión evidente contra el organismo. A pesar de que no tuve ninguna consecuencia desagradable, me arrepiento de haber caído en la tentación de intentar perder peso rápido aún a costa de mi salud.
Entonces fue cuando pensé que a lo mejor el problema no estaba en los alimentos, sino en la cantidad.
No todo el mundo necesita la misma cantidad de energía para funcionar, y en el caso de un cuerpo pequeño como el mío, el gasto energético debe ser menor, supongo. Así que me decidí a comer de todo, pero en cantidades muy pequeñas.
Masticaba cada bocado hasta conseguir deshacerlo por completo, saboreándolo, y, cuando ya había conseguido aplacar un poco el hambre, dejaba de comer.
Tomaba alimentos de todo tipo, cocinados de la forma que más me pudiera apetecer, pero con la precaución de no llenar mi estómago en exceso.
Esta fue la solución. Fui perdiendo peso poco a poco, sin sufrir carencias nutricionales ni privaciones de ningún tipo de alimento.
Era feliz, porque podía socializar, no tenía que decir que estaba a dieta y aguantar las miradas compasivas que te lanza la gente cuando te ven masticar sin ganas unas acelgas hervidas, mientras ellos se zampan un trozo de pastel, por ejemplo.
Conseguí estar más delgada que nunca. Toda la ropa me quedaba bien.
Todo era perfecto hasta que metí la pata. Una vez que ya había perdido hasta el último kilo que me sobraba, quise seguir. Aún no sé por qué, pero supongo que quería redondear a la cifra que para mí era perfecta y para la que solo me faltaba un kilo por perder, o a lo mejor es que quería demostrarme a mí misma o a los demás hasta donde era capaz de llegar. No lo sé, el caso es que ahí sí empecé a descuidar mi alimentación. Comía cada vez menos, y mi energía estaba por los suelos. Y aún así no podía adelgazar más.
Ahora comprendo que si no adelgazaba más era porque ya estaba en mi peso, pero en aquél momento me desesperé y volví a comer cantidades normales, haciendo incluso algún que otro exceso.
Volví a engordar y fue mi culpa, por la bendita estupidez que me hizo desistir de un hábito que me había ayudado en todos los sentidos, tanto a nivel estético como físico, e incluso psicológico.
El caso es que después de aquello ninguna dieta me ha funcionado.
Ahora estoy dispuesta a hacerla correctamente, y esta vez será para siempre. Al final creo que la madurez, que tanto me asusta, me va a servir para tomar las cosas con calma y hacerlas bien de una vez por todas.

Si estás en un caso parecido al mío, deberías tú también intentar adoptar primero unos hábitos alimenticios saludables, y después, corregir la cantidad ingerida en función de tus propias necesidades. Ese será el paso que te lleve a estar bien.
En cuanto a las opiniones de los demás, hay mucha tela que cortar con respecto a ese tema.
La gente que te rodea no siempre te va a ayudar a sentirte bien.
A mí personalmente me han hecho justo lo contrario.
Cuando estás a dieta, la gente intenta por todos los medios que no la hagas bien, incitándote a comer "alimentos prohibidos" con una insistencia capaz de agobiar a cualquier mortal. He escuchado millones de veces frases como: " por un día no va a pasar nada", " no me hagas el feo", " anda, cómetelo y mañana será otro día", etc. Y lo peor es que a lo mejor te has puesto a dieta justo para no tener que soportar los comentarios humillantes de esa misma persona hacia tí cuando estabas gorda.
Afortunadamente, no todo el mundo es así de punzante, pero por desgracia, no te faltará nunca un pinchazo al día, aunque provenga de personas distintas.
Unos te dirán que no vas a ser capaz de seguir la dieta, porque ya has empezado muchas y después las has dejado. Otros, que para qué hacer dieta si al fin y al cabo estás siempre gorda. Habrá quien después de un tiempo, visto que adelgazas y que no cesas en el empeño, te diga que ya es el momento de parar, porque te estás quedando demasiado delgada. Y al fín, cuando ya todos hayan visto que adelgazaste, y que has sido capaz de mantenerte durante un tiempo prolongado, llegará el último imbécil con la guinda para el pastel, y te dirá que estabas más guapa cuando eras gorda.

No te preocupes. Todos estos comentarios van a venir de gente sin cerebro, que probablemente no te importen en lo más mínimo, así que procura acordarte de mí cuando los oigas, y reirte en sus narices, como homenaje al montón de veces que a mí me han hecho llorar.

Estoy empezando otra vez con este sistema, y te diré que a veces es un poco duro tener que quedarse con hambre tras cada comida, pero si hay gente que te apoya todo es más fácil. Si nos unimos, ya nunca más vamos a tener que luchar contra los kilos de más, ni contra los estúpidos comentarios de gente sin escrúpulos que piensan que son mejores que tú solo porque tienen dos tallas menos.

En este apartado voy a publicar periódicamente, tanto mis experiencias personales, como información detallada de cómo alimentarse correctamente. Espero que te sirva de ayuda, como a mí me van a ayudar tus comentarios y los logros que alcancemos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario