domingo, 12 de febrero de 2012

Cremas anticelulíticas

La celulitis es una acumulación de nódulos de grasa, agua y toxinas, que se sitúa debajo de la piel de algunas zonas del cuerpo. Son las mujeres las más afectadas por este antiestético problema, pero hay algunos hombres que también la padecen.
Por lo general, aparece en la adolescencia y nos acompaña por el resto de la vida, siendo prácticamente imposible eliminarla por completo.
Tratamientos como la liposucción o mesoterapia, resultan relativamente efectivos, pero sus desventajas, que van desde sus elevados precios hasta las incomodidades físicas que provocan, no compensan el mínimo resultado que ofrecen.
Las cremas anticelulíticas, al ser de aplicación externa y local, todavía resultan menos efectivas que cualquiera de los otros métodos, pero, a pesar de todo, son el método al que más gente recurre y, por tanto, una fuente inagotable de ingresos para los empresarios del sector.
Nuestro afán por mejorar el aspecto de nuestro cuerpo nos empuja a utilizarlas, y la publicidad hace que las consideremos necesarias, pero la realidad es que estas cremas no nos van a eliminar la celulitis.
Los primeros días de aplicación, notamos una mejora del aspecto de nuestra piel, pero ésto sólo es producto de haber hidratado y masajeado la zona una o varias veces al día, cuando habitualmente no lo solemos hacer. Cualquier crema hidratante hace el mismo efecto usada a diario y acompañada de un masaje que, además, activa la circulación y deja en la piel una agradable sensación de bienestar.
Sin embargo, y a pesar de que la inutilidad de las cremas-milagro es manifiesta, no todo está perdido en la batalla contra la celulitis.
Para que el aspecto de "piel de naranja" se vea notablemente reducido, aunque no eliminado por completo, nuestro mejor aliado es reducir la grasa corporal a través de una correcta alimentación y un ejercicio constante y moderado, favorecer la circulación de la sangre por medio de masajes y duchas alternas de agua caliente y fría, hidratar la piel en profundidad a diario, y evitar la retención de líquidos bebiendo agua o infusiones ligeramente diuréticas, como la cola de caballo o el té verde. Con ésto último, eliminaremos toxinas, responsables directas de la formación de los antiestéticos nódulos.
Por último, decir que no debemos obsesionarnos por este problema. No hay más que ver que alrededor del 90 % de las mujeres, sea cual sea su edad o forma física, tenemos celulitis. Concentrémonos, pues, en disimularla lo mejor posible, y atacarla desde dentro llevando una vida sana y adoptando unos hábitos beneficiosos para nuestra piel.
Un truco para que la celulitis sea menos evidente es aplicar crema autobronceadora. Las pieles morenas disimulan más las irregularidades que las que son más claras. Sustituye tu anticelulítica por una hidratante con un toque de color y olvídate de la publicidad engañosa que basa sus falsas promesas en fotografías retocadas.

jueves, 26 de enero de 2012

El aceite de rosa mosqueta

Este aceite se obtiene por la presión en frío de las semillas de la rosa mosqueta, un arbusto silvestre que crece en la cordillera de los Andes.
Su eficacia es mayor según el grado de pureza y concentración.
Entre sus usos más destacados se encuentra el tratamiento de las cicatrices de la piel. Por su capacidad para regenerar los tejidos cutáneos, resulta apropiado para mejorar el color y la textura de las marcas producidas por heridas, estrías, quemaduras, acné o intervenciones quirúrgicas. De hecho, algunos laboratorios farmacológicos lo incorporan en la elaboración de sus cremas cicatrizantes.
Estimulante de la producción de colágeno, mejora el aspecto de la piel, disminuyendo la profundidad de las arrugas, redensificando la piel por su acción nutritiva y regeneradora. Es un excelente aliado para la eliminación de bolsas y ojeras, así como líneas de expresión en el contorno de los ojos y labios.
Su capacidad para redistribuir la pigmentación, hace que resulte beneficioso para eliminar las manchas oscuras en la piel de las manos y el rostro, así como el enrojecimiento.
Podemos aplicarlo como aceite corporal, y aportará a nuestra piel un extra de hidratación, además de devolverle la suavidad, tersura y tonicidad perdidas por el paso del tiempo o por la deshidratación, además de mejorar considerablemente su aspecto al disminuir las estrías, manchas y cicatrices.
Por supuesto, siempre es preferible prevenir, por lo que aunque no se tenga ningún problema en la piel, su uso continuado nos protegerá de la aparición de problemas posteriores, como el envejecimiento prematuro de los tejidos, las arrugas y las estrías. Es recomendable utilizarlo durante el embarazo, pues los tejidos de la piel se ven sometidos a un estiramiento muy acusado, y es frecuente la aparición posterior de estrías y relajamiento de la piel en la zona abdominal. En cualquier caso, cualquier aumento o disminución de peso afecta a la tonicidad y aspecto de la piel, por lo que el aceite de rosa mosqueta se hace indispensable en períodos de adelgazamiento o aumento de peso.
En casos de psoriasis, su aplicación en las zonas afectadas mejora notablemente el aspecto de la piel, evitando la aparición de escamas.
Y en general, para cualquier zona con tendencia a la sequedad, como por ejemplo los codos, rodillas y talones, actúa como suavizante, rehidratante y regenerador.

Se puede aplicar directamente sobre la zona que queramos tratar, en el caso de que sea un problema localizado y de pequeña extensión, pero también lo podemos incorporar a nuestra crema hidratante habitual, mezclando ambos productos, en cuyo caso su aplicación será más cómoda, abarcaremos un área más extensa, y la sensación de grasa en la piel será menor. Una sola gota de este aceite mezclado con nuestra hidratante facial, la convertirá en un excelente tratamiento antiarrugas, antimanchas, antiojeras, cicatrizante, redensificador y tonificante.
A todo esto hay que añadir que el aceite de rosa mosqueta no presenta toxicidad, porque su PH es muy parecido al de la piel, y por lo tanto  es muy adecuado para su uso externo.

Dados sus múltiples beneficios, y teniendo en cuenta que el precio es bastante asequible, en comparación con otros productos de belleza que no nos ofrecen ni la mitad de posibilidades, y teniendo en cuenta que lo vamos a aplicar en cantidades muy pequeñas, es más que recomendable que incorporemos el aceite de rosa mosqueta a nuestro neceser de belleza.

Podemos encontrar este aceite en farmacias, perfumerías y en algunas droguerías especializadas, pero debemos asegurarnos de que es puro y que está obtenido por primera presión en frío, ya que de lo contrario, su eficacia es menor.

Como siempre, mi consejo es que utilicéis productos de la mayor calidad, y éste es uno de los básicos a la hora de tener una piel perfecta. En la mayoría de las ocasiones, no es necesario adquirir productos de precios astronómicos para conseguir los mejores resultados, sino buscar aquellos que realmente resulten eficaces y utilizarlos de forma continuada, así que yo recomiendo que no hagáis mucho caso de la publicidad, que nos promete resultados espectaculares con productos de calidad dudosa, como las cremas mágicas que son capaces de transformar nuestra piel en la de un bebé en una sola aplicación. Y por supuesto, los anuncios publicitarios nos van a incitar a comprar un producto para cada tipo de problema o necesidad, cuando tenemos a nuestro alcance soluciones mucho más efectivas y a las que les podemos sacar mucho más provecho.

sábado, 21 de enero de 2012

El jabón casero

Fabricar jabones en casa es una tradición que, por desgracia, se ha perdido casi por completo. Hoy en día tenemos a nuestro alcance una  gran cantidad de opciones a la hora de elegir tanto los productos de limpieza como los de aseo personal. Variedad infinita de aromas, texturas a elegir, y la posibilidad de conseguir en un mismo producto varias funciones, como el tratamiento de la sequedad de la piel o problemas del cabello como la grasa, caspa, etc.
Y a pesar de todo, ninguno de estos productos ha conseguido cubrir tantas necesidades como lo hace el jabón natural.
Entre sus usos más frecuentes destaca la limpieza del hogar. Con este jabón podemos limpiar en profundidad y sin peligro cualquier tipo de superficie. Suelos, cocinas, baños, e incluso la mayoría de los muebles, exceptuando solo aquellos que sean extremadamente delicados. Es el mejor quitamanchas que existe. Frotando la mancha con el jabón antes de meter la prenda en la lavadora, conseguiremos un resultado inigualable. Incluso se puede usar como jabón de lavadora, nos dejará la ropa muy limpia, blanqueando las prendas claras y sin agredir las oscuras.
Para lavar los platos, es una de las mejores opciones, ya que elimina la grasa con gran facilidad, y además protege la piel de las manos.
En cuanto a su uso para el aseo personal, el jabón natural presenta también una serie de ventajas que lo colocan muy por encima en cuanto a calidad de muchos productos de alta gama.
Ayuda en la cicatrización de heridas, alivia los síntomas de la dermatitis atópica y la psoriasis. Hidrata en profundidad y no irrita la piel, es indicado para la limpieza y cuidado del cabello, mejorando el problema de la caspa, reduciendo los picores, y aportando al pelo vitalidad, brillo, fuerza y resistencia.
Se puede usar en zonas delicadas, como la cara. Las pieles acnéicas mejoran considerablemente sin ser deshidratadas, y las partes más resecas, como codos, rodillas y talones, se rehidratan.
También es apropiado como jabón íntimo. En este caso es capaz de reducir la irritaciones y prevenir o ayudar a combatir las infecciones, sin atacar la mucosa.

A todo este abanico de posibilidades de uso, le podemos añadir que este jabón puede ser usado como base para elaborar otros de utilización específica.
Una vez que tenemos hecho el jabón natural, se puede volver a derretir y mezclar con productos naturales para conseguir múltiples funciones, dependiendo de las necesidades de cada momento.
En cuanto a la textura, también podemos elaborar geles y detergentes líquidos a partir del jabón sólido inicial, y diferentes grados de exfoliación, añadiendo los ingredientes adecuados.
El aroma y el color del jabón también se pueden modificar, añadiendo colorantes y aromas especiales para jabón, aceites esenciales o simplemente productos alimentarios. No es indicada la utilización de otro tipo de aceites o aromas, ya que el jabón va a ser para uso directo sobre la piel, y nos podría perjudicar.

A todo esto hay que sumarle el favor que hacemos al medioambiente al reciclar los aceites usados, no solo porque vertirlos en la naturaleza ocasiona efectos desastrosos, sino porque estaremos obteniendo un jabón biodegradable, y lo vamos a sustituir por otros cargados de agentes químicos tan destructores como innecesarios.

Y el último punto, y no por ello menos importante, es la economía. Con el aceite que sacas de la freidora, un paquete de sosa, y unos litros de agua, vas a obtener jabón para limpiar toda tu casa, lavar la ropa y los platos, gel de baño, champú, limpiador facial, jabón íntimo y gel de manos. Y todo ello con una calidad impresionante, y del color y aroma que elijas. El milagro anticrisis.

Si quieres hacer este jabón, aquí tienes la receta y la forma de prepararlo:

*3 litros de agua

*3 litros de aceite usado (de oliva)

* Medio kilo de sosa caústica en escamas

Ponemos en un cubo o barreño de plástico el agua, y añadimos la sosa removiendo con un palo de madera. Es importante no utilizar utensilios metálicos, ya que reaccionan con la sosa y pueden ser muy peligrosos. También es muy importante echar primero el agua y después la sosa, ya que si lo hacemos al contrario puede saltar y quemarnos la piel. Todo el proceso debe hacerse con guantes y mascarilla, ya que los vapores de la sosa son muy fuertes y el contacto de la mezcla con la piel produce quemaduras.
Una vez diluída la sosa en el agua, añadimos el aceite despacio y sin dejar de remover, sin cambiar el sentido de giro, porque de lo contrario, el jabón se corta.
Una vez hecha la mezcla del agua con la sosa y el aceite, nos podemos ayudar de la batidora de mano para facilitarnos la tarea de remover hasta que espese.
Nuestro jabón estará listo cuando tenga la textura de la mayonesa. Entonces, lo verteremos sobre un molde con la forma que más nos convenga, y lo dejaremos secar 24 horas.
Pasado este tiempo, ya podemos desmoldar el jabón y cortarlo en porciones (con un cuchillo se hace fácilmente). Para esto, es recomendable también usar guantes, ya que la sosa está aún activa y puede quemar.
Guardaremos los tacos de jabón en una bolsa de plástico, para que no se endurezca, y podemos empezar a utilizarlo pasadas unas tres semanas después de su elaboración. Hay que dejar pasar este tiempo para que la sosa pierda toda la fuerza y no nos queme la piel.

En el último momento de la elaboración, cuando ya el jabón tiene textura de mayonesa, y antes de echarlo en los moldes, podemos añadir los colorantes y aromas. Hay quien añade detergente de lavadora, lejía, perborato, añil, etc. En mi opinión, es preferible hacer el jabón totalmente natural, es decir, solo con el agua, la sosa y el aceite, porque de esta manera tendremos el básico que nos vale para cualquier uso, y después si queremos podemos derretir algún trozo para hacer geles y pastillas de diferentes colores y aromas, y añadirle ingredientes distintos para darle el uso que queramos.

viernes, 20 de enero de 2012

Segundo paso: Educando a tu mente

En la primera parte de esta serie de recursos para cambiar nuestra manera de alimentarnos, hablábamos básicamente de la parte física. Educar a nuestro cuerpo es fundamental para conseguir el propósito que nos hemos marcado, y para ello, lo primero es controlar la cantidad y la calidad de lo que comemos, siguiendo unos horarios más o menos fijos, para acostumbrarnos poco a poco a comer correctamente.
El objetivo está claro, y es que queremos conseguir una alimentación equilibrada y acorde con nuestras necesidades diarias. El procedimiento es sencillo, consiste en seguir al pie de la letra las normas básicas.
Ahora bien, ¿Será fácil? ¿Seremos capaces de renunciar de un día para otro a nuestro estilo de alimentarnos de toda una vida? ¿De dónde vamos a sacar las fuerzas para renunciar a un dulce o a parte de él cuando se nos haya pasado la euforia de los primeros días? Y lo más importante, ¿Podremos mantener esta nueva forma de alimentarnos para siempre, sin que sea para nosotros un esfuerzo?
La respuesta a todas estas preguntas no la debes buscar en otra persona que no seas tú misma.
Tu mente es siempre la responsable de que seas o no capaz de cumplir un objetivo que te has propuesto, y es por ello que debes empezar también a hacer lo posible por cambiar la forma de pensar que tienes con respecto al tema de la alimentación.
Nuestro cuerpo obedece por completo a las órdenes que recibe de nuestra mente. Antes de hacer cualquier movimiento, el cerebro tiene que dar una orden. Tú decides qué hacer y qué no hacer en cada momento del día, y cuando realizas una actividad con la que tu mente no está de acuerdo, el trabajo se vuelve pesado y te cuesta mucho más que cuando realmente quieres hacerlo.
Pues bien, vamos a ponernos de acuerdo con nuestra mente, para que alimentarnos correctamente no sea una labor deprimente, y no nos suponga un sufrimiento extra al que solo podamos hacer frente un tiempo limitado.
Lo primero que debemos pensar es que nuestro cuerpo no es un juguete con el que podamos experimentar a nuestro antojo toda clase de barbaridades. Si maltratamos al organismo, éste nos devuelve la faena con malestares y enfermedades de grado diverso. Y nosotros no queremos eso.
A partir de ahora, vamos a pensar más en el funcionamiento de nuestro cuerpo que en su aspecto exterior.
Los hábitos alimenticios poco saludables nos conducen a estados de malestar y nos producen molestias, tanto a nivel físico como psicológico. No es raro sentirse mal después de una gran comilona, la pesadez se apodera de tu cuerpo, y a veces tu mente también se ve dañada por un extraño sentimiento de culpa.
Vamos, pues, a hacerlo bien.
A la hora de comer, vamos a pensar primero qué es lo que nuestro cuerpo necesita para funcionar bien, y en qué cantidad. Elegiremos de entre toda la gama de alimentos de cada clase, los que más nos gusten, y los cocinaremos en la forma en que nos resulten más agradables al paladar. Y esto no será un esfuerzo, porque estaremos comiendo cosas que realmente nos gustan, y además estaremos haciendo un favor a nuestro cuerpo, proporcionándole los nutrientes adecuados.
El problema se presenta cuando tenemos delante de nosotros algo que nos apetece mucho comer, pero que sabemos que no es un alimento, sino una bomba de calorías tan innecesaria como perjudicial. A pesar de todo nos apetece. Y en la mayoría de los casos, a lo único que prestamos atención es al paladar.
¿Qué le dirías a tu hijo si lo único que quisiera comer en todo el día fueran golosinas? Sencillamente no se lo permitirías. Sabes que no son buenas, e intentas por todos los medios que se alimente adecuadamente, porque de eso depende su salud. Pues eso mismo lo debes aplicar a tí misma. Cuando comes bollería industrial, dulces o grasas animales en exceso, te estás haciendo mucho daño. Piénsalo antes de hacerlo. Y si tienes hijos, dales un buen ejemplo de alimentación, porque ellos van a repetir las conductas que aprenden cuando son pequeños, y las adoptarán de por vida.
No renunciaremos, pues, a comer ciertas cosas, solo porque engordan, sino porque no son buenas. Vamos a dejar de arrojar basura sobre nosotros mismos. Repítete a tí misma que no quieres comer las cosas que te hacen daño, convence a tu mente y comprobarás lo bien que te sientes tomando alimentos saludables.
Y no tengas envidia de aquellos que comen porquerías y no engordan, porque el problema no está sólo en un par de centímetros de grasa acumulada debajo de la piel, sino en la salud y la calidad de vida.
La persona que come incorrectamente, se perjudica, independientemente que ésto se manifieste en su peso o no. No te maltrates. Si otros lo quieren hacer, es problema de ellos.
Acuérdate de todas las veces que has sustituído una comida saludable por otra que no lo era y acéptalo como un error que no se va a volver a repetir. Si quieres darte un capricho de vez en cuando, como tomar un chocolate, una rodaja de morcilla o un donut, hazlo, pero tómalo como un capricho, no llenes el estómago de chocolate sin dejar sitio para lo que realmente te va a alimentar.
Refuerza tu personalidad haciendo lo que es correcto, sin fijarte en hábitos nocivos que otros adoptan alegremente, y olvida tu problema de sobrepeso. Vas a alimentarte bien porque eso es lo que hay que hacer, y no porque te sobren unos kilos.
Y no tomes la comida como una vía de escape cada vez que estés aburrida o ansiosa. Es la peor excusa que podemos poner. El aburrimiento no se combate atiborrándose de bollos, sino haciendo alguna actividad que nos entretenga, y la ansiedad no se resuelve sometiendo a nuestro cuerpo a una digestión pesada y atascando nuestras venas con grasa. Prueba a descargar tensiones haciendo algún ejercicio físico, es el mejor remedio para calmarnos, y la sensación que deja es tan agradable como los beneficios que aporta.
Convence a tu mente de que no te gusta comer mal y tu problema de sobrepeso se resolverá solo. No lo dejes para mañana ni para el lunes. Cuídate desde hoy, desde ahora mismo. Da igual lo que hayas comido desde que te levantaste. No sigas maltratando a tu cuerpo ni un minuto más.

domingo, 15 de enero de 2012

Sombras de ojos

La sombra de ojos nos ayuda a realzar la belleza de nuestra mirada. Además de poner un toque de color, podemos corregir o disimular algunos defectos relacionados con la forma del ojo.
Es uno de los productos de maquillaje que presenta una gama de colores más amplia, y por lo tanto, se presta más a realizar juegos de color con distintos tonos o texturas, a fin de conseguir el efecto deseado.
Podemos encontrar sombras de ojos en polvo, crema, líquidas e incluso adhesivas, y cada textura nos va a ofrecer unas ventajas distintas. Debemos elegir la textura según nuestro tipo de piel, edad o la facilidad que tengamos para aplicarla.
Las sombras en polvo son más fáciles de difuminar, se adhieren bien al párpado, sobre todo si utilizamos una prebase, y duran mucho. Es conveniente aplicarlas con pinceles de pelo natural. El único problema que podemos encontrar es que, al maquillar el ojo, el polvo se puede dispersar ligeramente, manchando el pómulo o la sien. La solución es retirarlo con la brocha que utilizamos para los polvos sueltos, sacudiéndola suavemente hacia fuera, para que no quede mancha en la piel de alrededor de los ojos.
Las sombras en crema son apropiadas para pieles jóvenes y secas. La fijación de este tipo de sombras es más complicada que en el caso del polvo, y es posible que, pasadas unas horas, se acumule en los pliegues del párpado, sobre todo si la piel es grasa o hay arruguitas. Son algo más difíciles de difuminar que las anteriores, en particular si queremos utilizar más de un color, y su aplicación requiere el uso de pinceles de pelo sintético, que son los idóneos para los productos cremosos.
En cuanto a la textura líquida, es probablemente la que mayor fijación ofrece, siendo también la más complicada de difuminar, por lo que, junto con las sombras en crema, son una opción adecuada para realizar un maquillaje rápido, usando un solo color, pero no son tan apropiadas para maquillar los ojos de una forma más elaborada.
Últimamente se están poniendo muy de moda las sombras adhesivas. Los han comercializado con la idea de ser usados por aquellas personas que no manejan del todo el uso del pincel a la hora de aplicar las sombras. Normalmente traen tres tonos del mismo color, distribuidos de forma ascendente de mayor a menor intensidad, para dar un tono más oscuro en la zona más pegada a las pestañas, y terminar en la linea de debajo de la ceja con el más claro. Se trata de colocar el parche sobre el párpado, con el ojo cerrado, presionar unos instantes y retirar sin frotar, para que no se estropee el dibujo que trae hecho.
La aplicación es sencilla y rápida, pero el resultado no suele ser muy bueno. Más de la mitad del producto se sigue quedando en el parche después de ser usado, y además hay que difuminar con un pincel para que no se note tanto la separación de los colores.
En mi opinión, es mejor que utilices un solo color y lo difumines bien por todo el párpado si no tienes mucha práctica con el pincel, en lugar de utilizar este método, ya que para mi gusto el resultado deja bastante que desear, y además, sale mucho más caro a la larga que una sombra de ojos convencional.

Para elegir los colores de las sombras de ojos, lo ideal es que hagas caso, como siempre te digo, de tu propio instinto y tus preferencias. Por lo general, los colores fríos, como los azules, malvas y verdosos, sientan mejor a las chicas de piel, pelo y ojos claros, y los cálidos, como los marrones, rojizos, anaranjados y amarillentos, hacen resaltar más las tonalidades oscuras de pelo, piel y ojos.
En cualquier caso, los beiges y todos los tonos parecidos a la propia piel quedan bien a todo el mundo, y son una opción ideal para hacer maquillajes de día, o cuando se vaya a dar prioridad a los labios.
Los tonos rojizos deben ser utilizados con precaución, porque pueden dar a la mirada un aspecto cansado o incluso enfermizo. El amarillo aplicado como un pequeño toque en el centro del párpado móvil o justo debajo del arco de la ceja, imprime una luminosidad única y un aire muy sofisticado.
Los ojos azules maquillados en tonos verdes, intensifican su color, y lo mismo pasa al contrario, si quieres ver realzado el verde de tus ojos, maquíllalos con azul.

Y, por último, si además de colorear tus párpados, quieres disimular algún pequeño defecto, la regla de oro es que los colores oscuros y mates dan profundidad, por lo que los debes aplicar en aquellas zonas que quieras que parezcan más pequeñas o hundidas. Por ejemplo, si tienes los ojos ligeramente saltones, deberás aplicar la sombra oscura en el párpado móvil, y una más clara y brillante para la zona superior. Si tus ojos son demasiado juntos, la sombra oscura debe ir en la parte externa del ojo, y si están demasiado separados, los acercaremos ópticamente aplicando el tono más oscuro en la parte más cercana al lagrimal.
Prueba a jugar con los volúmenes de tus ojos y tu rostro en general, oscureciendo ligeramente las zonas más prominentes, y aclarando las más hundidas, y sin olvidar difuminar, para evitar que se noten los cortes entre las zonas más claras y más oscuras. El resultado te sorprenderá gratamente, y a lo mejor encuentras una nueva forma de maquillarte utilizando este sencillo truco.

viernes, 13 de enero de 2012

Las cremas hidratantes

Después de la limpieza, la hidratación es, sin duda, el paso más importante a seguir si queremos mantener la piel en perfecto estado.
Hidratar no es otra cosa que aportar agua, y esta provisión de agua la debemos realizar tanto a nivel externo, por medio de cremas, como interno, con la ingestión de líquidos.
Los jabones, detergentes o champús que utilizamos para lavar nuestra piel, o bien para la limpieza diaria del hogar, contienen agentes que contribuyen a la deshidratación, por lo que su uso debe estar inexcusablemente complementado con cremas o lociones que nos ayuden a recuperar ese porcentaje de agua que perdemos con la higiene diaria.
Es importante tener claro que la hidratación debe ser una costumbre adoptada desde el primer día de nuestra vida. Hidratar el cuerpo y el rostro es siempre beneficioso, tanto para pieles maduras, como jóvenes, y para los niños, desde el momento de su nacimiento.
El error más generalizado con respecto a este tema es la idea de que las cremas hidratantes no son adecuadas para pieles grasas. No es cierto. Hidratar no es engrasar. Las grasas sobre la piel ejercen una función únicamente de película protectora para evitar la pérdida de agua, por eso hay muchas cremas que además de contener agentes humectantes, llevan también grasas o aceites.
Si la piel es grasa, debemos buscar una hidratante que no lleve aceites y con ello tendremos el problema más que resuelto.
El problema del acné se suele agravar aún más con la deshidratación. La piel, por sí sola no es capaz de producir agua, pero, ante la falta de humedad, libera grasa para eliminar la sequedad, así que en muchas ocasiones, la aplicación de geles o cremas desecantes, van a potenciar aún más el problema, dando como resultado una piel acnéica y además, descamada y grasienta.
La solución es la aplicación de un tratamiento específico para los granos y puntos negros, pero solo localizado en las zonas afectadas, y siempre después de una correcta hidratación.

En el mercado podemos encontrar una amplia gama de productos que nos prometen una hidratación, complementada con los efectos de componentes antiarrugas, antiflacidez, o incluso reductores y anticelulíticos para el cuerpo. Estas cremas que cuentan con tantas funciones, tienen que ver recortada su acción hidratante para poder abarcar tantos beneficios, así que lo ideal es tener una crema que sea solo para hidratar, y después de haber restablecido el nivel hídrico de nuestra piel, aplicar el producto específico que consideremos oportuno, como por ejemplo el antiarrugas.
Por otra parte, solo con la hidratación ya vamos a notar una mejoría considerable en el aspecto de nuestro rostro y cuerpo, ya que en la mayoría de las ocasiones, la piel se arruga por falta de humedad, así que primero hidratamos, y luego tratamos.

En cuanto a los aceites, cuya utilización está tan extendida, sobre todo para el cuerpo, suelen llamarse hidratantes de forma equivocada. Como he dicho antes, los aceites se encargan de formar una película protectora sobre la piel que evita la pérdida de agua, pero en sí mismos no hidratan. Esto no quiere decir que no sean una buena opción, puesto que en pieles normales con evitar la pérdida de humedad tendríamos bastante para no sufrir deshidratación. Pero si la piel es muy seca, es necesario aplicar la crema, aunque luego la complementemos con el aceite. Se pueden incluso mezclar las dos cosas para que no se alargue mucho la faena de poner un producto y luego otro después de la ducha.

La ingestión de líquidos debe oscilar diariamente entre el litro y medio y los dos litros de agua diarios, lo cual nos ayudará a mantener un equilibrio hídrico correcto, y por lo tanto, a mejorar considerablemente el aspecto de la piel y el estado general de nuestro cuerpo.

Mi experiencia

Tengo 40 años y he pasado por muchas dietas de adelgazamiento. Supongo que como muchas mujeres.
Mi problema de sobrepeso ha sido debido principalmente a mi estatura. Las personas pequeñas acusamos mucho más las oscilaciones de peso que las que son más altas. En mi caso, una diferencia de cinco o seis kilos me puede hacer pasar de verme gorda a delgada, o al revés.
En la mayoría de los casos he sido bastante consciente de que la salud es lo primero y por lo tanto, he seguido dietas bajo control médico, o al menos siendo controlada por algún nutricionista o personal sanitario.
Las dietas me funcionaban. Estaba un tiempo, bajaba unos kilos y después, volvía poco a poco a mis costumbres alimenticias de siempre, con lo cual, recuperaba también paulatinamente los kilos que había conseguido perder.
Sin darme apenas cuenta, fui adoptando poco a poco hábitos alimenticios saludables, como por ejemplo, comer verdura o fruta en abundancia, azúcares complejos, renunciar casi sin problema a la bollería industrial y al embutido, no picar entre horas, etc.
Llegado este punto, ya no me resultaba difícil seguir ninguna dieta, pero el problema ahora era que ya no conseguía adelgazar. Mis comidas habituales se parecían tanto a las impuestas por el sistema de adelgazamiento, que ninguna dieta era capaz de eliminar más de un par de kilos.
Entonces fue cuando empecé a intentar creer en los milagros. Alguna vez me expuse a seguir planes insólitos como la alimentación disociada, la dieta de la sopa o regímenes aconsejados por alguna amiga que eran, desde todo punto, una agresión evidente contra el organismo. A pesar de que no tuve ninguna consecuencia desagradable, me arrepiento de haber caído en la tentación de intentar perder peso rápido aún a costa de mi salud.
Entonces fue cuando pensé que a lo mejor el problema no estaba en los alimentos, sino en la cantidad.
No todo el mundo necesita la misma cantidad de energía para funcionar, y en el caso de un cuerpo pequeño como el mío, el gasto energético debe ser menor, supongo. Así que me decidí a comer de todo, pero en cantidades muy pequeñas.
Masticaba cada bocado hasta conseguir deshacerlo por completo, saboreándolo, y, cuando ya había conseguido aplacar un poco el hambre, dejaba de comer.
Tomaba alimentos de todo tipo, cocinados de la forma que más me pudiera apetecer, pero con la precaución de no llenar mi estómago en exceso.
Esta fue la solución. Fui perdiendo peso poco a poco, sin sufrir carencias nutricionales ni privaciones de ningún tipo de alimento.
Era feliz, porque podía socializar, no tenía que decir que estaba a dieta y aguantar las miradas compasivas que te lanza la gente cuando te ven masticar sin ganas unas acelgas hervidas, mientras ellos se zampan un trozo de pastel, por ejemplo.
Conseguí estar más delgada que nunca. Toda la ropa me quedaba bien.
Todo era perfecto hasta que metí la pata. Una vez que ya había perdido hasta el último kilo que me sobraba, quise seguir. Aún no sé por qué, pero supongo que quería redondear a la cifra que para mí era perfecta y para la que solo me faltaba un kilo por perder, o a lo mejor es que quería demostrarme a mí misma o a los demás hasta donde era capaz de llegar. No lo sé, el caso es que ahí sí empecé a descuidar mi alimentación. Comía cada vez menos, y mi energía estaba por los suelos. Y aún así no podía adelgazar más.
Ahora comprendo que si no adelgazaba más era porque ya estaba en mi peso, pero en aquél momento me desesperé y volví a comer cantidades normales, haciendo incluso algún que otro exceso.
Volví a engordar y fue mi culpa, por la bendita estupidez que me hizo desistir de un hábito que me había ayudado en todos los sentidos, tanto a nivel estético como físico, e incluso psicológico.
El caso es que después de aquello ninguna dieta me ha funcionado.
Ahora estoy dispuesta a hacerla correctamente, y esta vez será para siempre. Al final creo que la madurez, que tanto me asusta, me va a servir para tomar las cosas con calma y hacerlas bien de una vez por todas.

Si estás en un caso parecido al mío, deberías tú también intentar adoptar primero unos hábitos alimenticios saludables, y después, corregir la cantidad ingerida en función de tus propias necesidades. Ese será el paso que te lleve a estar bien.
En cuanto a las opiniones de los demás, hay mucha tela que cortar con respecto a ese tema.
La gente que te rodea no siempre te va a ayudar a sentirte bien.
A mí personalmente me han hecho justo lo contrario.
Cuando estás a dieta, la gente intenta por todos los medios que no la hagas bien, incitándote a comer "alimentos prohibidos" con una insistencia capaz de agobiar a cualquier mortal. He escuchado millones de veces frases como: " por un día no va a pasar nada", " no me hagas el feo", " anda, cómetelo y mañana será otro día", etc. Y lo peor es que a lo mejor te has puesto a dieta justo para no tener que soportar los comentarios humillantes de esa misma persona hacia tí cuando estabas gorda.
Afortunadamente, no todo el mundo es así de punzante, pero por desgracia, no te faltará nunca un pinchazo al día, aunque provenga de personas distintas.
Unos te dirán que no vas a ser capaz de seguir la dieta, porque ya has empezado muchas y después las has dejado. Otros, que para qué hacer dieta si al fin y al cabo estás siempre gorda. Habrá quien después de un tiempo, visto que adelgazas y que no cesas en el empeño, te diga que ya es el momento de parar, porque te estás quedando demasiado delgada. Y al fín, cuando ya todos hayan visto que adelgazaste, y que has sido capaz de mantenerte durante un tiempo prolongado, llegará el último imbécil con la guinda para el pastel, y te dirá que estabas más guapa cuando eras gorda.

No te preocupes. Todos estos comentarios van a venir de gente sin cerebro, que probablemente no te importen en lo más mínimo, así que procura acordarte de mí cuando los oigas, y reirte en sus narices, como homenaje al montón de veces que a mí me han hecho llorar.

Estoy empezando otra vez con este sistema, y te diré que a veces es un poco duro tener que quedarse con hambre tras cada comida, pero si hay gente que te apoya todo es más fácil. Si nos unimos, ya nunca más vamos a tener que luchar contra los kilos de más, ni contra los estúpidos comentarios de gente sin escrúpulos que piensan que son mejores que tú solo porque tienen dos tallas menos.

En este apartado voy a publicar periódicamente, tanto mis experiencias personales, como información detallada de cómo alimentarse correctamente. Espero que te sirva de ayuda, como a mí me van a ayudar tus comentarios y los logros que alcancemos.

miércoles, 11 de enero de 2012

Mascarilla de zanahoria para las arrugas

Ingredientes:

* Una zanahoria grande

* Un poco de agua

Hervir la zanahoria y después, hacer un puré con la misma, agregando un poco de agua de la cocción. Aplicar la pasta resultante sobre la piel y dejar actuar 20 minutos. Aclarar con abundante agua templada.

La fibra

La fibra alimentaria es un componente de las plantas comestibles, cuya característica principal es que no puede ser digerida por el organismo humano, ya que nuestro aparato digestivo no tiene la enzima necesaria para atacarla, al contrario de algunos animales, como los rumiantes.
Al no ser digerible por nuestro cuerpo, no es considerada como nutriente, y por lo tanto no aporta calorías ni ningún otro componente alimenticio, pero su ingesta diaria es, a pesar de esto, indispensable.
La importancia de la fibra no está en su aportación nutricional, sino en los beneficios orgánicos que nos aporta. Por su capacidad de absorción de agua, aumenta la masa fecal, favoreciendo el tránsito intestinal y limpiando las paredes del intestino. Los movimientos intestinales deben ser periódicos, es muy importante que la evacuación se realice diariamente, proceso en el que la fibra juega un papel esencial.
Para aprovechar al máximo las propiedades de la fibra debemos ingerir abundante agua para que aumente su volumen. De lo contrario, los efectos se pueden traducir en dolor abdominal.
Su alto poder saciante hace que  la ingestión de alimentos se reduzca, y, teniendo en cuenta que no tiene valor energético, es un complemento perfecto para combatir la obesidad.
Además, es capaz de disminuir la absorción de otras sustancias, como por ejemplo las grasas, por lo cual es también de gran ayuda a la hora de controlar el colesterol.

Los alimentos ricos en fibra son las frutas y verduras frescas, los cereales sin refinar (integrales) y las legumbres.
Es preferible, por tanto, escoger alimentos integrales en lugar de aquellos elaborados con harinas refinadas, como por ejemplo el pan blanco, porque, a pesar de aportarnos prácticamente la misma cantidad de calorías, contienen la fibra necesaria para que nuestro organismo funcione adecuadamente.
Es también recomendable el consumo preferente de verduras y frutas frescas en lugar de zumos. Cuando tomamos un zumo de frutas naturales, estamos aprovechando todas sus propiedades nutricionales, pero desechamos la pulpa, que es la que contiene la fibra, y por lo tanto, obtendremos menos saciedad con mayor cantidad de calorías, si tenemos en cuenta que para conseguir un vaso de zumo de naranja, por ejemplo, hacen falta unas tres piezas, y sin embargo si tomamos la naranja entera nos saciaremos solo con una. Esto es importante para las personas que están intentando reducir su peso, y también para las que tienen una carencia de fibra en su alimentación, pero de cualquier modo, los zumos de frutas  y verduras frescas, son una estupenda opción tanto a nivel alimenticio como por su delicioso sabor.

En los últimos tiempos, la escasez de fibra en la dieta hace que se incremente de manera alarmante el uso de laxantes. Debemos poner remedio a este problema aumentando la ingesta de fibra, eliminando en la manera de lo posible las harinas refinadas y dando prioridad a las frutas y verduras frescas, y no utilizando laxantes químicos que, además de producir efectos desagradables y a veces difíciles de controlar, a largo plazo se vuelven poco efectivos, ya que el cuerpo se acostumbra a ellos.

Los niños deben adoptar hábitos alimenticios saludables desde sus primeros momentos. Solo de esta forma llegarán a la edad adulta sin problemas de sobrepeso, y sin conductas aprendidas que hagan daño a su propio cuerpo. Incluir la fibra en su dieta diaria es una obligación para los padres, que los hijos agradecerán a largo plazo con la adquisición de una conducta saludable a la hora de alimentarse que les beneficiará de por vida.

martes, 10 de enero de 2012

Mascarilla nutritiva de plátano.

Ingredientes:

* Un plátano

* Una cucharada sopera de miel

* Cinco cucharadas soperas de harina de avena

Triturar el plátano y mezclarlo con los demás ingredientes hasta formar una pasta. Aplicar sobre el rostro y dejar actuar 15 minutos. Retirar con agua templada.

Clasificación de los alimentos

Los alimentos se dividen en tres grupos, según la función que desempeñan en nuestro organismo:


1* Energéticos.

Pertenecen a este grupo los hidratos de carbono y las grasas.
Se llaman así porque son los encargados de aportar al cuerpo la energía necesaria, no solo para realizar la actividad diaria, sino para que los órganos funcionen correctamente. Son nuestro combustible.
Cuando ingerimos estos alimentos en forma excesiva, el cuerpo los acumula, reservándolos para algún momento de escasez, y esas pequeñas reservas van dando lugar a grasa acumulada.
Si por el contrario, consumimos menos alimentos energéticos de los que necesitamos, notaremos sensación de cansancio y debilidad, dolor de cabeza y malestar general. Es porque los órganos están funcionando mal a causa de esta carencia. Entonces es cuando se utilizan las reservas acumuladas y, si la situación es prolongada, notamos una pérdida de peso.
No es conveniente eliminar estos alimentos de la dieta, pero en casos de sobrepeso, puede ser necesario reducir un poco su consumo, de manera que gastemos cada día un poco de esas reservas.
Dentro de los hidratos de carbono, también llamados azúcares, podemos hacer dos grupos:

- Los azúcares complejos:
 Pertenecen a esta categoría las patatas, pastas, arroz, pan, legumbres, harinas, y en general todas lasféculas. Se llaman azúcares porque es en eso en lo que se  transforman después del proceso digestivo. Aportan energía a más largo plazo.

- Los azúcares simples:
Son los alimentos "dulces", como el azúcar de mesa y todo lo que la lleve en su composición. Los chocolates azucarados, la bollería, las cremas pasteleras, la nata,  etc. Se digieren muy rápidamente y nos dan energía prácticamente al instante, pero son menos beneficiosos para la salud que los azúcares complejos, porque no nos aportan nada más que calorías.

Los hidratos de carbono están en la base de la pirámide nutricional, lo cual quiere decir que en una dieta equilibrada, para una persona que no presente ningún problema físico, éste debería ser el alimento más consumido diariamente. Para los niños es muy importante tomar hidratos de carbono en abundancia, a ser posible en forma de azúcares complejos, pero como el dulce suele ser su plato favorito, podemos recurrir a las frutas, que contienen azúcares simples y además tienen una gran cantidad de vitaminas.

En cuanto a las grasas, su función no es sólo energética, sino también reguladora del organismo. Son necesarias, porque hacen que podamos utilizar algunas vitaminas presentes en los alimentos. Por ejemplo, la vitamina A, es liposoluble. Esto quiere decir que solo se disuelve en grasa, así que debemos consumir grasas para aprovechar este tipo de sustancias, pero en cantidad moderada, y siempre que sean de origen vegetal.
Las grasas se encuentran en los aceites de oliva o semillas, en algunas frutas frescas como el plátano o el aguacate, y en los frutos secos.
Los alimentos de origen animal contienen grasas prácticamente en su totalidad, pero son las del pescado las únicas que nos pueden beneficiar. Las carnes, sobre todo si son rojas, no son muy beneficiosas en este sentido, pero tienen otras propiedades, por lo que debemos consumirlas una o dos veces a la semana. En cuanto a embutidos grasos, mantequillas, patés y otros derivados animales grasos, limitaremos su consumo al mínimo, puesto que no tienen ningún beneficio y sí muchas contraindicaciones para nuestra salud y la de los nuestros.



2* Plásticos

Este grupo está formado por las proteínas.
Son los alimentos que mantienen las estructuras de nuestro cuerpo, como los músculos, huesos, piel, y en general todos los tejidos, en perfecto estado.
Dentro de este grupo están las carnes, pescados, huevos y leche, sin olvidarnos de las legumbres, que contienen un porcentaje parecido de hidratos de carbono y de prótidos.
Es importante consumir estos alimentos, porque son la base nutriente de nuestros tejidos. Nos ayudan en la cicatrización de heridas, tono muscular, masa ósea correcta, etc. Para los niños son indispensables, por estar en edad de crecimiento.
Sin embargo estos no son los alimentos que debemos tomar en mayor abundancia, sino que deben representar entre un 10 y un 15 % de la ingesta total diaria, mientras que los hidratos de carbono deben oscilar entre el 50 y el 60%.



3* Reguladores

Son las vitaminas y los minerales.
Se encargan de regular, como indica su nombre, el funcionamiento general del organismo. Las funciones metabólicas y la asimilación de otros alimentos son posibles gracias a este tipo de nutrientes.
Se encuentran en las frutas, verduras y hortalizas. No nos aportan energía en sí mismos. Las calorías que puede contener la fruta o la verdura, son debidas al porcentaje de azúcar o grasa que tenga, pero en cualquier caso, los alimentos ricos en vitaminas y minerales suelen presentar bajos niveles calóricos, y son imprescindibles en nuestra dieta diaria, en un porcentaje aproximado de un 35 a 40%.


Creo que está de más decir que toda dieta que no incluya una proporción aproximada de estos tres grupos de alimentos, es inadecuada y perjudicial para la salud. Es el momento de olvidarse de hacer barbaridades para bajar de peso, como por ejemplo comer una sola cosa durante un número determinado de días, eliminar por completo algún grupo de alimentos, o simplemente no comer.
No juegues más con tu salud. El exceso de peso se resuelve comiendo correctamente, y una información adecuada es lo mejor para darse cuenta del daño que nos podemos hacer con las llamadas "dietas milagro".

lunes, 9 de enero de 2012

Disfruta de tu nueva vida

Cuando cambiamos nuestra dieta habitual con el objetivo de perder unos kilos, las espectativas son múltiples. Al principio es nuestra propia euforia la que nos impulsa a seguir, porque los resultados no empiezan a ser evidentes hasta pasadas unas semanas. Pero a menudo cometemos el error de tomar este cambio de alimentación como algo pasajero, centrado únicamente en la reducción de grasa corporal, y que tendrá sin duda un final apoteósico en forma de gran comilona justo el día que estrenemos los vaqueros de la talla 38. Es éste el problema.
Si en lugar de plantearnos el cambio de dieta como un sacrificio puntual, nos lo tomamos como una transformación de nuestros hábitos erróneos en otros más saludables, y nos proponemos mantenerlos el resto de la vida, estaremos en el camino correcto. No es estar siempre a dieta, sino adoptar de una vez por todas la manera apropiada de alimentarnos, dejando por fin de hacer daño a nuestra salud y a nuestra figura.
Vamos a acostumbrarnos a comer alimentos limpios, cocinados en la forma que más nos apetezca, disfrutando de la gran variedad de combinaciones que podamos imaginar, y vamos a dejar de lado las mezclas industriales como pueden ser las galletas, bollos, platos precocinados, dulces envasados, etc.
Esto no quiere decir que no podamos comernos nunca más una galleta. Significa que lo haremos solo de manera ocasional, que es la forma en que nuestro cuerpo no se verá dañado, e incluso en este caso, procuraremos no llenar nuestro estómago con estos productos, sino tomarlos como una delicia, algo tan pequeño que sea capaz de agradar a nuestro paladar, pero sin sustituir a los verdaderos nutrientes, que son los que van a hacer funcionar a nuestro organismo correctamente.
Cuando hablo de alimentos limpios, me refiero a los básicos, aquellos que no han sido precocinados ni mezclados, o por lo menos no mucho.
La carne, el pescado, las patatas, el pan, el arroz, los huevos, la leche, las verduras y hortalizas, las frutas, la pasta, el aceite de oliva, las legumbres, etc., son alimentos que podemos comer más tranquilamente que otros como los platos preparados, la bollería industrial, las patatas chips, o cualquier cosa que venga envasada.
Podemos cocinar de la forma que más nos apetezca. Siempre será más saludable un pescado frito en casa con aceite de oliva, que una bolsa de patatas fritas o un paquete de galletas.
Debemos disfrutar del sabor de los alimentos saboreándolos despacio, con lo que conseguiremos reducir la cantidad que ingerimos, causa frecuente del problema de sobrepeso.
Es muy importante que no nos lo tomemos como una dieta. Hemos empezado a comer mejor. Y nunca más vamos a dejar de hacerlo. Dejemos la tabla de calorías a un lado. No la necesitamos. No hace falta que sea todo a la plancha o al vapor. Cocina al horno, en el microondas, en la freidora, en la sartén, en la plancha o en la olla. Cualquier cosa que te comas hecha por tí va a ser menos dañina que un aperitivo envasado, y si reduces las cantidades, la pérdida de peso está asegurada.
Alégrate de pensar que a partir de ahora vas a comer lo mismo que todos en la mesa, y disfruta de tu nueva situación. Lo único que tienes que hacer es parar a tiempo, antes de haber comido más de lo que necesitas.
Más adelante aprenderemos a comer en cantidades proporcionadas los distintos grupos de alimentos que existen, pero por ahora solo nos vamos a centrar en alimentarnos de una forma muy variada, desechar los precocinados y reducir un poco las cantidades.
Y lo más importante es empezar a sentirte bien desde ahora. No hay por qué esperar a perder tres tallas para empezar a pensar en arreglarte y verte bien. Empieza hoy. Tu belleza no tiene nada que ver con unos cuantos kilos de más. Arréglate. Piensa que ya has puesto solución al problema del sobrepeso y es hoy el primer día en que te debes sentir bien contigo misma. No vas a ser otra persona cuando hayas perdido unos kilos, vas a ser tú, así que desde ahora mismo puedes lucir todo lo bueno que tienes. Esto te animará más que ninguna otra cosa. Vive la vida mientras disfrutas comiendo sano.

domingo, 8 de enero de 2012

Primer paso: Educando a tu cuerpo

Pasadas las fiestas navideñas, durante las que sin duda hemos cometido más de un exceso, y recién empezado el nuevo año, con los buenos propósitos que ello conlleva, hablar de dieta es ya todo un clásico.
Lo que te voy a proponer no es una dieta milagrosa con la que perder un montón de kilos en muy poco tiempo, así que si tus pretensiones van por ese rumbo, es mejor que no sigas leyendo.
Este año me he propuesto todo lo contrario que los anteriores. Ya no quiero hacer más dietas de adelgazamiento. Son perjudiciales, sobre todo para mi estado de ánimo.
Lo que está claro es que la grasa acumulada no nos beneficia en absoluto, y no te hablo de la apariencia física, sino de la salud. Así que lo que vamos a hacer es dar un cambio a nuestro sistema de alimentación, reduciendo al máximo los alimentos que nos son perjudiciales y dando prioridad a aquellos que nos ayudan a estar bien, tanto por dentro como por fuera.
Si has seguido leyendo, y tienes intención de seguir conmigo esta nueva manera de alimentarte, te felicito, porque a partir de ahora mismo nuestro problema de sobrepeso está resuelto para siempre.
No tengas prisa por perder kilos. Ese es el error que yo misma he venido cometiendo una y otra vez, y no me ha aportado más que angustia y decepción.
A partir de ahora, no vamos a estar a dieta, vamos a comer bien. Para este plan no hay contraindicaciones, salvo que tengas algún problema de salud que deba ser controlado por una dieta médica específica, como por ejemplo la hiperglucemia. En cambio, los beneficios van a ser múltiples.
Ya no vas a tener que hacer una comida especial para tí, puesto que comer sano es algo bueno para todo el mundo. Tampoco tendrás que sentirte diferente cuando salgas a comer fuera o a tomar algo, en todos los sitios hay alguna opción apropiada para no echar por alto una alimentación equilibrada.
Sobre todo tienes que pensar que ésto lo vas a hacer por tu salud y la de los tuyos, y que lo único que vas a tener que dejar de lado es todo aquello que no se puede llamar "alimento", o sea, las cosas que comemos que únicamente nos aportan calorías y no tienen ningún tipo de nutrientes. Es verdad que en muchas ocasiones son las cosas que más nos llaman la atención, pero debes mentalizarte de que hacen daño, porque es verdad, y no permitir a tu mente que las eche de menos.
En este apartado vas a poder encontrar recetas a base de alimentos limpios, como yo les llamo, es decir, la carne, el pescado, las patatas, legumbres, verduras, hortalizas, arroz, aceite, pan, huevos, leche, etc.
Lo primero que vamos a intentar evitar es consumir alimentos ya preparados, porque, además de los conservantes que contienen, que no nos hacen ningún beneficio para nuestra salud, llevan entre sus ingredientes grasas perjudiciales y una amplia gama de aditivos y aromas que no son en absoluto recomendables a la hora de llevar una vida sana.
Pero la idea principal que debes tener en cuenta, en el caso de que quieras bajar de peso, es que si has acumulado grasa es porque has comido más de lo que tu cuerpo necesita, aunque a tí no te lo parezca.
Partiendo de esa idea, se va a tratar de poner los cinco sentidos tanto a la hora de sentarnos a la mesa como cuando estemos preparando la comida, para no cometer errores que luego se hagan evidentes tanto en nuestro aspecto físico como en la salud.
Hay una serie de reglas básicas que vamos a seguir estrictamente. Va a ser muy fácil acostumbrarse a ellas, así que toma nota:

1* Comer despacio, masticando muy bien.

Masticar bien es importante para hacer la digestión correctamente. El estómago, durante la digestión, realiza unos movimientos llamados peristálticos, cuya función es terminar de triturar los alimentos que no lo están del todo, y mezclar bien todo el conjunto con los jugos gástricos para que puedan pasar al intestino en forma líquida. Si no hemos masticado bien, el estómago tendrá que realizar un trabajo excesivo, lo que se puede traducir en digestiones pesadas o incluso dolores.
Masticaremos los alimentos hasta que estén perfectamente triturados, y de esta manera, comeremos más despacio, lo que también es muy recomendable, puesto que el estómago tarda unos quince minutos en dar al cerebro la señal de que está lleno. Si comemos rápido, en esos quince minutos nos da tiempo a sobrecargar el estómago, y por eso al rato de haber terminado de comer, empezamos a sentir la sensación de hinchazón y dificultad para digerir.

2* No distraerse demasiado con otras cosas cuando se está comiendo.

Tenemos que estar conscientes de que cuando comemos estamos recargando de nutrientes nuestro cuerpo. No hay que excederse, y la mejor manera es pensar tras cada bocado si con eso ya tenemos suficiente. Si es así, no tengas problema en dejar en el plato lo que te sobre. No eres el cubo de la basura. Guarda en la nevera lo que no te hayas terminado, o si no es posible, tíralo. No te lo guardes en las cartucheras.

3* Comer cinco veces al día pequeñas cantidades.

De esta manera, vamos a controlar el hambre, ya que no dejaremos pasar más de tres o cuatro horas entre una comida y otra, pero cada vez saciaremos al cuerpo con alimentos saludables que nos harán sentirnos cada vez mejor, y lo más importante es que ya no volveremos a sentir la sensación de estómago pesado que tan molesta resulta después de una comida copiosa.
Si dejamos pasar muchas horas sin comer, nuestro organismo entiende que hay escasez de alimento y empieza a acumular reservas en forma de grasa, porque no sabe cuándo va a volver a tener provisiones. Si lo acostumbramos a ingerir alimento cada pocas horas, gastará más energía. Además, haciendo la digestión también se gastan calorías, ya que es un esfuerzo que hace el cuerpo, aunque tú no lo notes.

4* No interrumpir las digestiones.

Los alimentos ingeridos se mantienen en el estómago aproximadamente dos horas. Si durante ese tiempo volvemos a comer, el proceso de la digestión se alargará, y si tenemos la costumbre de estar picando continuamente, el estómago estará siempre trabajando, lo cual se va a traducir a la larga en problemas gástricos, por no hablar del exceso de peso que conseguiremos con la ingesta indiscriminada.
Lo ideal es dejar pasar de tres a cuatro horas entre una comida y la siguiente. De esta manera haremos la digestión cinco o seis veces al día, pero dejaremos tiempos de reposo al estómago.

5* Beber agua.

Lo ideal es tomar unos dos litros de agua diarios. Esto nos va a asegurar un funcionamiento adecuado de los riñones, una depuración del cuerpo y una hidratación óptima, que se verá reflejada sin duda en nuestra piel.
Un exceso de líquido podría sobrecargar de trabajo los riñones, y aumentar la presión arterial, así que tampoco debemos excedernos mucho de los dos litros.
El agua no tiene calorías, por lo que podemos tomarla sin miedo en cualquier momento, pero es más adecuado beber agua fuera de las comidas. Con el estómago vacío, el agua no se mezclará con los alimentos y realizará mejor su función depuradora del organismo.
Es muy apropiado tomar el primer vaso de agua en ayunas. Si no te apetece beber agua antes de desayunar, prueba a tomar una infusión y dejar pasar unos diez minutos. El calor en el estómago hace que aumente la sensación de saciedad, y  por tanto el desayuno te llenará mucho más.

6* Desayuna como un rey, come como un burgués y cena como un mendigo.

Esta frase está muy vista, pero es sin duda, uno de los consejos más apropiados que se han dado en lo que a la alimentación se refiere.
Por la mañana vamos a recargar bien el organismo para poder afrontar el día. Normalmente es en las primeras horas cuando más actividad realizamos, así que en este momento debemos tomar variedad de alimentos y en cantidades algo mayores. A mediodía suele disminuir la actividad, por lo que la ingesta debe ser algo más reducida, aunque no por ello menos variada, y por la noche ya casi no nos queda nada por hacer, así que la cantidad debe ser muy pequeña y evitar en lo posible los alimentos energéticos.

Siguiendo al pie de la letra estas seis reglas, ya tenemos más de la mitad del camino hecho. Al principio puede costar un poco, pero no vamos a tardar en acostumbrarnos y hacer de ello un modo de vida. Solo hay que tener algo de constancia, y de cualquier modo, el esfuerzo no va a ser nada si lo comparamos con el de una dieta severa.
Si tienes que cocinar para más personas, intenta que ellos también sigan estas pautas, sobre todo los niños, porque lo que tú les enseñes ahora es lo que van a hacer el resto de su vida, y estás a tiempo de acostumbrarlos a  llevar una alimentación correcta. Hazlo por ellos.

Vamos a probar el método durante una semana. Seguiremos las seis reglas básicas al pie de la letra, pero no vamos a modificar nuestra alimentación, salvo en una cosa: vamos a eliminar todos los alimentos preparados, como por ejemplo la bollería industrial, galletas, chocolates, caldos, pizzas, etc. Podemos comerlos, pero los vamos a preparar en casa.
Lo más importante que vamos a hacer esta semana es eliminar lo que realmente nos hace daño y parar de comer a tiempo. Fácil, ¿no?

sábado, 7 de enero de 2012

Labiales

Antes de pensar en maquillar nuestros labios, debemos asegurarnos de tenerlos en buenas condiciones para hacerlo, ya que el maquillaje, sobre todo si es muy llamativo, en lugar de tapar defectos los va a hacer más evidentes aún.
Si tienes los labios agrietados, secos o descamados, el primer paso es poner remedio a ese problema por medio de una exfoliación suave, una hidratación intensa y una protección adecuada para evitar que se repita.

Los labios pueden ser uno de los puntos más destacados del rostro. Sin embargo, antes de maquillarlos debemos estudiar con detenimiento la estructura de nuestra cara.
Lo ideal es resaltar aquellas partes que son más atractivas, y hacer que pasen más desapercibidas las que no nos gustan tanto. Por tanto, si tus labios te gustan, no dudes en hacerlos destacar, dejando el maquillaje de los ojos en un segundo plano.

Las texturas utilizadas para maquillar los labios van desde las más untuosas, que se suelen presentar en barra y tienen unos colores muy definidos y cubrientes, hasta el brillo labial con o sin color, tan utilizado últimamente por ser fácil de aplicar y aportar un toque de volumen. Existen también labiales líquidos que ofrecen una fijación absoluta, y como consecuencia, una duración mucho mayor, además de tener la ventaja de que, una vez secos, no manchan. El problema es que éste es un producto que reseca mucho el labio, por lo que en su presentación suelen incluir un brillo para aplicar encima.

Según mi criterio, el gloss es una opción adecuada para cualquier ocasión, cualquier estilo e incluso para cualquier forma de labios. Es capaz de hacer resaltar de forma espectacular unos labios gruesos y bien definidos, al mismo tiempo que da un aspecto cuidado y discreto para aquellos labios que no tienen el grosor o la forma adecuada para adoptar el papel protagonista.

El lápiz para delinear los labios es imprescindible, bajo mi punto de vista. Sin embargo, yo estoy en desacuerdo con quien opina que debe ser del mismo color que el labial que utilicemos.
En mi opinión, el delineador de labios se utiliza para corregir o resaltar la forma del labio, por lo que considero que debe ser de un tono lo más parecido posible al del propio labio.
El delineador debe tener una textura cremosa y es muy importante que esté bien afilado, para precisar bien a la hora de hacer una linea alrededor de los labios con el grosor deseado en cada zona.
Es importante utilizarlo, porque, además de hacer las correcciones necesarias, evita que el labial que utilicemos se extienda, sobre todo por la zona del labio superior, donde es posible que haya pequeñas arruguitas verticales.

El labial en barra es de textura completamente diferente al gloss y presenta un colorido mucho más variado e intenso. Es necesario poner un poco de atención a la hora de aplicarlo. Lo ideal es utilizar una prebase de labios, delinear, y a continuación ayudarnos con un pincelito para poner el color sobre el labio. Si utilizamos la barra directamente, es mucho más rápido, pero no vamos a conseguir la precisión que buscamos, ya que la punta de la barra no es capaz de alcanzar los contornos de la boca. No es necesario ni conveniente llegar a maquillar el labio hasta muy dentro, porque con ésto mancharíamos los dientes, lo que da un efecto desastroso. Tampoco hay que rodear las comisuras de la boca, porque el efecto es totalmente antinatural.
Si queremos conseguir una fijación mayor con el labial, después de delinear y aplicar el color con el pincelito, tomaremos un pañuelo de papel y lo colocaremos entre los labios, haciendo presión con éstos durante unos segundos. A continuación, aplicamos una capa de polvos sueltos, y volvemos a delinear y aplicar color. De esta manera nuestro labial quedará intacto durante horas.

En cuanto al color, como siempre digo, debemos seguir un poco más el propio instinto que ninguna regla establecida. Nosotras mismas sabemos con qué colores nos vemos bien y cuáles nos favorecen menos.
En general, los colores oscuros y los mates hacen un efecto óptico de reducción de volumen, mientras que obtendremos el efecto contrario si utilizamos tonos claros o brillantes.
A las mujeres de piel  y cabellos oscuros les suelen sentar muy bien los tonos marrones y dorados, y en una línea más atrevida, los fucsias y los morados les favorecen bastante por regla general.
Las pieles claras se ven muy bien con los rosas, anaranjados y malvas, aunque el rojo de labios sobre un maquillaje bien elaborado hace que se vean espectaculares, sobre todo si tienen el pelo rubio.
Las chicas de piel dorada y pelo castaño suelen adaptarse bien a cualquier color, pero los tostados les van fenomenal, y el rojo también les sienta muy bien.
Para las pelirrojas, sin duda los tonos beige, los cobrizos y los rosas amarronados.

Los lápices labiales con base cromática azulada, es decir, los violetas, los malvas y los ciruela, hacen que los dientes parezcan más blancos, mientras que los de base amarillenta, como pueden ser los marrones o naranjas, e incluso los rosas, dan la sensación de dientes más amarillos.

En cualquier caso, y aunque no te guste llevar los labios maquillados, el cuidado de los mismos es muy importante a la hora de  dar una imagen cuidada, por lo que es imprescindible hidratarlos al máximo y protegerlos del sol y de las temperaturas extremas.
Tanto si te maquillas los labios como si no lo haces, hidratarlos y protegerlos es la base para mantenerlos perfectos en cualquier época del año.