Cuando cambiamos nuestra dieta habitual con el objetivo de perder unos kilos, las espectativas son múltiples. Al principio es nuestra propia euforia la que nos impulsa a seguir, porque los resultados no empiezan a ser evidentes hasta pasadas unas semanas. Pero a menudo cometemos el error de tomar este cambio de alimentación como algo pasajero, centrado únicamente en la reducción de grasa corporal, y que tendrá sin duda un final apoteósico en forma de gran comilona justo el día que estrenemos los vaqueros de la talla 38. Es éste el problema.
Si en lugar de plantearnos el cambio de dieta como un sacrificio puntual, nos lo tomamos como una transformación de nuestros hábitos erróneos en otros más saludables, y nos proponemos mantenerlos el resto de la vida, estaremos en el camino correcto. No es estar siempre a dieta, sino adoptar de una vez por todas la manera apropiada de alimentarnos, dejando por fin de hacer daño a nuestra salud y a nuestra figura.
Vamos a acostumbrarnos a comer alimentos limpios, cocinados en la forma que más nos apetezca, disfrutando de la gran variedad de combinaciones que podamos imaginar, y vamos a dejar de lado las mezclas industriales como pueden ser las galletas, bollos, platos precocinados, dulces envasados, etc.
Esto no quiere decir que no podamos comernos nunca más una galleta. Significa que lo haremos solo de manera ocasional, que es la forma en que nuestro cuerpo no se verá dañado, e incluso en este caso, procuraremos no llenar nuestro estómago con estos productos, sino tomarlos como una delicia, algo tan pequeño que sea capaz de agradar a nuestro paladar, pero sin sustituir a los verdaderos nutrientes, que son los que van a hacer funcionar a nuestro organismo correctamente.
Cuando hablo de alimentos limpios, me refiero a los básicos, aquellos que no han sido precocinados ni mezclados, o por lo menos no mucho.
La carne, el pescado, las patatas, el pan, el arroz, los huevos, la leche, las verduras y hortalizas, las frutas, la pasta, el aceite de oliva, las legumbres, etc., son alimentos que podemos comer más tranquilamente que otros como los platos preparados, la bollería industrial, las patatas chips, o cualquier cosa que venga envasada.
Podemos cocinar de la forma que más nos apetezca. Siempre será más saludable un pescado frito en casa con aceite de oliva, que una bolsa de patatas fritas o un paquete de galletas.
Debemos disfrutar del sabor de los alimentos saboreándolos despacio, con lo que conseguiremos reducir la cantidad que ingerimos, causa frecuente del problema de sobrepeso.
Es muy importante que no nos lo tomemos como una dieta. Hemos empezado a comer mejor. Y nunca más vamos a dejar de hacerlo. Dejemos la tabla de calorías a un lado. No la necesitamos. No hace falta que sea todo a la plancha o al vapor. Cocina al horno, en el microondas, en la freidora, en la sartén, en la plancha o en la olla. Cualquier cosa que te comas hecha por tí va a ser menos dañina que un aperitivo envasado, y si reduces las cantidades, la pérdida de peso está asegurada.
Alégrate de pensar que a partir de ahora vas a comer lo mismo que todos en la mesa, y disfruta de tu nueva situación. Lo único que tienes que hacer es parar a tiempo, antes de haber comido más de lo que necesitas.
Más adelante aprenderemos a comer en cantidades proporcionadas los distintos grupos de alimentos que existen, pero por ahora solo nos vamos a centrar en alimentarnos de una forma muy variada, desechar los precocinados y reducir un poco las cantidades.
Y lo más importante es empezar a sentirte bien desde ahora. No hay por qué esperar a perder tres tallas para empezar a pensar en arreglarte y verte bien. Empieza hoy. Tu belleza no tiene nada que ver con unos cuantos kilos de más. Arréglate. Piensa que ya has puesto solución al problema del sobrepeso y es hoy el primer día en que te debes sentir bien contigo misma. No vas a ser otra persona cuando hayas perdido unos kilos, vas a ser tú, así que desde ahora mismo puedes lucir todo lo bueno que tienes. Esto te animará más que ninguna otra cosa. Vive la vida mientras disfrutas comiendo sano.
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