Fabricar jabones en casa es una tradición que, por desgracia, se ha perdido casi por completo. Hoy en día tenemos a nuestro alcance una gran cantidad de opciones a la hora de elegir tanto los productos de limpieza como los de aseo personal. Variedad infinita de aromas, texturas a elegir, y la posibilidad de conseguir en un mismo producto varias funciones, como el tratamiento de la sequedad de la piel o problemas del cabello como la grasa, caspa, etc.
Y a pesar de todo, ninguno de estos productos ha conseguido cubrir tantas necesidades como lo hace el jabón natural.
Entre sus usos más frecuentes destaca la limpieza del hogar. Con este jabón podemos limpiar en profundidad y sin peligro cualquier tipo de superficie. Suelos, cocinas, baños, e incluso la mayoría de los muebles, exceptuando solo aquellos que sean extremadamente delicados. Es el mejor quitamanchas que existe. Frotando la mancha con el jabón antes de meter la prenda en la lavadora, conseguiremos un resultado inigualable. Incluso se puede usar como jabón de lavadora, nos dejará la ropa muy limpia, blanqueando las prendas claras y sin agredir las oscuras.
Para lavar los platos, es una de las mejores opciones, ya que elimina la grasa con gran facilidad, y además protege la piel de las manos.
En cuanto a su uso para el aseo personal, el jabón natural presenta también una serie de ventajas que lo colocan muy por encima en cuanto a calidad de muchos productos de alta gama.
Ayuda en la cicatrización de heridas, alivia los síntomas de la dermatitis atópica y la psoriasis. Hidrata en profundidad y no irrita la piel, es indicado para la limpieza y cuidado del cabello, mejorando el problema de la caspa, reduciendo los picores, y aportando al pelo vitalidad, brillo, fuerza y resistencia.
Se puede usar en zonas delicadas, como la cara. Las pieles acnéicas mejoran considerablemente sin ser deshidratadas, y las partes más resecas, como codos, rodillas y talones, se rehidratan.
También es apropiado como jabón íntimo. En este caso es capaz de reducir la irritaciones y prevenir o ayudar a combatir las infecciones, sin atacar la mucosa.
A todo este abanico de posibilidades de uso, le podemos añadir que este jabón puede ser usado como base para elaborar otros de utilización específica.
Una vez que tenemos hecho el jabón natural, se puede volver a derretir y mezclar con productos naturales para conseguir múltiples funciones, dependiendo de las necesidades de cada momento.
En cuanto a la textura, también podemos elaborar geles y detergentes líquidos a partir del jabón sólido inicial, y diferentes grados de exfoliación, añadiendo los ingredientes adecuados.
El aroma y el color del jabón también se pueden modificar, añadiendo colorantes y aromas especiales para jabón, aceites esenciales o simplemente productos alimentarios. No es indicada la utilización de otro tipo de aceites o aromas, ya que el jabón va a ser para uso directo sobre la piel, y nos podría perjudicar.
A todo esto hay que sumarle el favor que hacemos al medioambiente al reciclar los aceites usados, no solo porque vertirlos en la naturaleza ocasiona efectos desastrosos, sino porque estaremos obteniendo un jabón biodegradable, y lo vamos a sustituir por otros cargados de agentes químicos tan destructores como innecesarios.
Y el último punto, y no por ello menos importante, es la economía. Con el aceite que sacas de la freidora, un paquete de sosa, y unos litros de agua, vas a obtener jabón para limpiar toda tu casa, lavar la ropa y los platos, gel de baño, champú, limpiador facial, jabón íntimo y gel de manos. Y todo ello con una calidad impresionante, y del color y aroma que elijas. El milagro anticrisis.
Si quieres hacer este jabón, aquí tienes la receta y la forma de prepararlo:
*3 litros de agua
*3 litros de aceite usado (de oliva)
* Medio kilo de sosa caústica en escamas
Ponemos en un cubo o barreño de plástico el agua, y añadimos la sosa removiendo con un palo de madera. Es importante no utilizar utensilios metálicos, ya que reaccionan con la sosa y pueden ser muy peligrosos. También es muy importante echar primero el agua y después la sosa, ya que si lo hacemos al contrario puede saltar y quemarnos la piel. Todo el proceso debe hacerse con guantes y mascarilla, ya que los vapores de la sosa son muy fuertes y el contacto de la mezcla con la piel produce quemaduras.
Una vez diluída la sosa en el agua, añadimos el aceite despacio y sin dejar de remover, sin cambiar el sentido de giro, porque de lo contrario, el jabón se corta.
Una vez hecha la mezcla del agua con la sosa y el aceite, nos podemos ayudar de la batidora de mano para facilitarnos la tarea de remover hasta que espese.
Nuestro jabón estará listo cuando tenga la textura de la mayonesa. Entonces, lo verteremos sobre un molde con la forma que más nos convenga, y lo dejaremos secar 24 horas.
Pasado este tiempo, ya podemos desmoldar el jabón y cortarlo en porciones (con un cuchillo se hace fácilmente). Para esto, es recomendable también usar guantes, ya que la sosa está aún activa y puede quemar.
Guardaremos los tacos de jabón en una bolsa de plástico, para que no se endurezca, y podemos empezar a utilizarlo pasadas unas tres semanas después de su elaboración. Hay que dejar pasar este tiempo para que la sosa pierda toda la fuerza y no nos queme la piel.
En el último momento de la elaboración, cuando ya el jabón tiene textura de mayonesa, y antes de echarlo en los moldes, podemos añadir los colorantes y aromas. Hay quien añade detergente de lavadora, lejía, perborato, añil, etc. En mi opinión, es preferible hacer el jabón totalmente natural, es decir, solo con el agua, la sosa y el aceite, porque de esta manera tendremos el básico que nos vale para cualquier uso, y después si queremos podemos derretir algún trozo para hacer geles y pastillas de diferentes colores y aromas, y añadirle ingredientes distintos para darle el uso que queramos.
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