viernes, 9 de diciembre de 2011

Viernes mágicos

El viernes es para mí el mejor día de la semana. Es por eso que he elegido este día para dedicar un par de horas a hacerme todos los tratamientos faciales y corporales que durante la semana normalmente no suelo hacer.
Evidentemente, no todo el mundo tiene el viernes como día preferido, o a lo mejor no es éste el día en que tienes más tiempo. Elige, pues, el día que prefieras, y le colocas tú misma la etiqueta de "mágico".
Es más divertido si te reúnes con unas cuantas amigas a las que también les guste el tema.
Antes de empezar a hacer nada, te pones un poco de aceite de oliva o de almendras dulces en el pelo. Lo ideal es aplicarlo con los dedos, mechón por mechon, pero sólo de la mitad del pelo para abajo. Se trata de hidratar los largos y las puntas, no de engrasar la raíz. Luego, te lo recoges con una pinza, y mientras hace efecto ya puedes empezar a limpiarte la cara.
Para la limpieza del cutis semanal, lo ideal es tener en casa un gel facial de aclarado con agua, una crema exfoliante y una mascarilla hidratante.
Primero te lavas la cara con el gel, haciendo con la espuma pequeños círculos por todo el rostro. Insiste sobre todo en las aletas de la nariz, frente y barbilla, que es donde se suele acumular más la grasa. Aclaras toda la espuma con abundante agua templada y a continuación, cuando la piel está todavía un poco húmeda, te pones la crema exfoliante.
Al exfoliar la piel, la limpiamos de células muertas que se van acumulando, y la dejamos suave y despejada para que actúe mejor cualquier tratamiento que pongamos a continuación.
Después de este paso lo ideal es abrir los poros con vapor. En el mercado puedes encontrar saunas faciales, que están diseñadas especialmente para este fin, y su precio no es muy alto. Puedes comprarla desde 15 euros en cualquier centro comercial o tienda de electrodomésticos.
Pero si no quieres comprar la sauna facial, puedes recurrir al método tradicional, que es exactamente igual de efectivo, aunque algo más incómodo. Se trata de poner a calentar agua en una olla o cacito, y cuando ya esté hirviendo, apagar el fuego, acercar la cara y cubrir la cabeza con una toalla, de forma que el vapor no se escape. Deberás estar unos 10 minutos, con cuidado de no acercar demasiado la cara para no quemarte. Se trata de abrir los poros, no de hacernos daño.
Pasado este tiempo, te secas la piel con una toalla o pañuelo de papel, y te aplicas la mascarilla. Como los poros están muy abiertos, el producto que nos apliquemos nos va a hacer mucho más efecto.
Lo ideal es utilizar una mascarilla hidratante, ya que la hidratación es el punto que más debemos cuidar si queremos mantener la piel joven.
En el apartado "cosmética casera" podéis encontrar recetas para fabricar vosotras mismas algunos de estos productos, con ingredientes naturales de los que solemos tener en casa. En ocasiones, la calidad no está relacionada con el precio del producto, y en este caso en particular, puede que nos resulte más efectiva una mascarilla casera que una comprada en el mercado.
Podemos aplicar mascarilla en la piel con la frecuencia que queramos, incluso a diario, aunque es posible que todos los días nuestra piel no necesite el mismo tipo de producto. Es importante escuchar a nuestro cuerpo. Si te paras un poco a observar, verás cómo tu piel te va diciendo exactamente lo que necesita. La deshidratación es lo más evidente. Por ejemplo, tendrás que hidratarte más si notas la piel tirante, descamada o blanquecina, o si estás cansada, te vendrá muy bien una mascarilla tonificante para estimular.
Y mientras te hace efecto la mascarilla, te puedes dar un buen baño de espuma.
Puedes echar en el agua gel de baño, sales, o el aceite esencial que prefieras, el caso es que sea para tí un momento de relax y de placer. No es necesario ni conveniente estar mas de 10 ó 15 minutos en el baño. El agua no debe estar muy caliente, porque si es así, más que relajarte te deja sin fuerzas.
Y ya que estás en la bañera, te lavas el pelo, y te aclaras la mascarilla que te pusiste en la cara.
Ahora  te puedes hacer la manicura y la pedicura muy fácilmente, pues con el baño has reblandecido las pielecitas de las cutículas y las durezas que puedas tener.
Si haces esto todas las semanas, no vas a tardar mucho en hacer esta tarea. Bastará con empujar un poquito las cutículas de manos y pies hacia atrás con un palito de naranjo, limar un poco las uñas, y si tienes alguna dureza en los pies, puedes pasar una lima, o incluso, aprovechar el baño para darte un repaso con la piedra pómez.
Si te depilas con cuchilla, puedes aprovechar también el baño para hacerlo, pero si lo haces con la maquinita que arranca el vello de raíz, éste es un buen momento, puesto que, con el agua caliente, tienes también los poros abiertos y te dolerá menos.
Y una vez hecho todo esto, te das una buena capa de crema hidratante en la cara y el cuerpo, te secas el pelo, y, si quieres, te puedes maquillar las uñas.
Éste es con diferencia uno de los mejores momentos de la semana. Te sientes limpia, cuidada, bien contigo misma por haberte dedicado algo de tiempo.
Y además, has puesto la base para que el maquillaje, el peinado, la ropa y los complementos que vayas a usar durante la semana te sienten mucho mejor.
A lo mejor te parece mucho tiempo para dedicarlo a tí misma, pero no lo verás igual si te haces esta preguntas: ¿Cuánto hubieras tardado en ir al salón de belleza, hacerte todo esto y volver? ¿Cuánto te hubiera costado?, y además, ¿cuánto tiempo dedicas a la semana a los demás?
Ya es hora de que te empieces a querer un poquito, ¿no te parece?

No hay comentarios:

Publicar un comentario