Para conseguir tener una buena piel, y que los resultados del maquillaje sobre la misma sean satisfactorios, el primer paso es, sin duda, la limpieza.
Para limpiar nuestra piel a diario solo vamos a necesitar un gel espumoso de aclarado con agua, una leche limpiadora y un tónico facial.
Por la mañana solo tienes que lavarte la cara con el gel, repartiéndolo bien por todo el rostro con ayuda de los dedos, haciendo movimientos circulares, e insistiendo más en las zonas donde se suele acumular más la grasa, como la frente, nariz y barbilla. Después de secar bien la piel, lo más conveniente es aplicar un tónico, cuya función va a ser terminar de limpiar, refrescar, calmar y cerrar los poros.
Cuanto más frío esté el tónico, más efectivo será, así que una buena opción es conservarlo en la nevera.
Para aplicarlo, se suele empapar un disco de algodón y después pasarlo suavemente por todo el rostro, pero de esta manera desperdiciamos una buena cantidad de producto cada vez que lo utilizamos, así que es mejor utilizar un pulverizador, y una vez rociada la piel podemos dejar que seque o bien retirar el exceso con un algodón o un pañuelito de papel.
Como tónico puedes utilizar uno de los que se comercializan especialmente para este fin, aunque para mí lo mejor es el agua de rosas o de avena, que son mucho más económicos y dan muy buenos resultados, además de que les puedes dar muchos más usos.
Con estos dos pasos quedaría completada la limpieza matinal, y ya tendríamos la piel preparada para ponernos la crema hidratante.
Por la noche, el procedimiento es el mismo, pero si te has maquillado, antes de esta limpieza deberás eliminar cualquier resto de maquillaje con una leche limpiadora. Primero repartes generosamente el producto por toda la cara, y a continuación, con la ayuda de unos discos desmaquillantes o tissues faciales, retiras toda la limpiadora, eliminando con ella todo resto de maquillaje.
Una opción más cómoda e igualmente eficaz es utilizar toallitas desmaquillantes. Las puedes encontrar en cualquier tienda y son muy prácticas para llevar de viaje.
Para desmaquillar los ojos y los labios puedes utilizar un desmaquillante específico, aunque para mí la mejor opción es el aceite de almendras dulces. En un disco de algodón ligeramente humedecido (lo puedes pulverizar con agua de avena o de rosas), pones un par de gotitas del aceite y lo deslizas suavemente por los ojos. Además de eliminar el maquillaje perfectamente, estarás nutriendo tus pestañas. Además, si has utilizado una mascara resistente al agua, es posible que con un desmaquillante normal no consigas retirarla por completo. Para eliminar los restos de este tipo de máscara es necesario un producto bifásico, que tiene una parte acuosa y una parte oleosa, o sea, lo mismo que has conseguido al humedecer el algodón y después poner el aceite de almendras.
Es muy importante limpiar la piel por la noche, ya que durante el sueño es cuando más se regenera, y cuando aprovecha mejor los tratamientos que apliquemos. Dormir con la piel maquillada es muy perjudicial, y los daños que se producen en la piel son prácticamente irreparables, así que adoptar la costumbre de limpiarse la cara antes de ir a dormir es una obligación que poco a poco se irá convirtiendo para tí en un placer, y a la larga, una necesidad.
A pesar de la limpieza diaria, en la piel se van acumulando células muertas que van dándole un aspecto apagado, haciendo que pierda brillo y suavidad. Es necesario exfoliar la piel para resolver este problema.
La exfoliación no es, bajo mi punto de vista, conveniente ni necesario realizarla a diario. Una piel sensible puede verse perjudicada si la exfoliamos con mucha frecuencia, y en cualquier caso, con una vez a la semana tendríamos más que suficiente. Los geles limpiadores que incorporan exfoliante y son para usar a diario no me parecen una buena opción, ya que resultan bastante agresivos para un uso tan continuado.
Una vez a la semana también, y siempre después de haber limpiado y exfoliado la piel, podemos abrir los poros con una sauna facial. Diez minutos de exposición a los vapores serán suficientes, y a continuación, con la piel seca, podemos extraer los puntos negros, con mucho cuidado de no desgarrar la piel. Y una vez que hemos abierto los poros con el vapor, cualquier mascarilla nos va a resultar doblemente efectiva, ya que penetrará mucho más profundamente en este momento.
Pasado el tiempo de actuación de la mascarilla solo nos queda aclararla y volver a cerrar los poros con nuestro tónico. Una capa generosa de crema hidratante completará el proceso.
Si eres constante en este ritual de limpieza diario y semanal, no vas a necesitar visitar el salón de belleza, salvo que te quieras hacer un tratamiento más específico. En mi opinión, es un lujo poder hacer en casa la limpieza del rostro, porque, además de suponer un ahorro importante, se pierde mucho menos tiempo y lo puedes hacer a la hora que prefieras. Tú eres la más indicada para cuidar tu piel, solo tienes que observarla un poco y ella te irá diciendo lo que necesita en cada momento.
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